El emprendedor/héroe y su viaje

30/12/2020 | Pablo Laporte

Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres

Hace seis años llegué a una conclusión: mi humilde talento en este mundo es que se me da bien unir puntos de la realidad para crear relatos y, por tanto, esa tenía que ser mi profesión. El problema es que como nadie contrataba a nadie por tener ese talento, tenía que tratar de monetizarlo por mi cuenta.

El vértigo inicial, la confusión, se disiparon gracias a mi primera experiencia profesional como creador de relato de marca, en este caso, para emprendedores. A través de un amigo en común se puso en contacto conmigo Yves, un emprendedor camerunes que, con su equipo, debía viajar a Nueva York a presentar su proyecto en una ronda de financiación. 

-¿Sabes hacer un pitch comercial?- me preguntó. 

-Por supuesto, vaya pregunta. 

Cuando colgamos corrí a Google a ver qué era un pitch comercial y unos días después comenzamos a trabajar con él y su equipo. La primera sesión era por Skype, en inglés y con una conexión tremendamente defectuosa por parte del equipo. Eran cinco y cada uno estaba en un país y un huso horario diferente. 

Tras las presentaciones, comenzaron a explicarme su proyecto. La presentación Power Point y sus más de cien diapositivas ya me impuso, pero después de media hora de ver gráficas y tratar de comprender todo tipo de terminología sobre economía global, pude certificar que aquel estaba siendo un tiempo inútil para todos y, lo que es peor, apenas iba a poder decirles nada cuando terminaran, porque estaba completamente perdido, y no precisamente por el inglés. Decidí cortar por lo sano y ser honesto: 

-Chicos, no necesito todos estos detalles. Necesito que me lo contéis como si fuera un niño de ocho años.

Se lo pensaron un rato (no es fácil explicarle algo así a un niño de ocho años), pero respondieron:

-África es un continente del que mucha gente emigra. Por tanto, hay mucho dinero extranjero que entra en África, pero también mucho dinero africano que sale de África. El problema es que las tasas por enviar o recibir dinero son tan altas, que suponen un serio problema para el crecimiento de los pueblos africanos.

-Y ¿por qué pasa eso?- pregunté. 

-Por corrupción y por un sistema de oligopolio.

-Y ¿qué vais a hacer vosotros?

-Hemos creado un sistema por el que el dinero nunca sale de los países. Si en Francia hay alguien mandando dinero a Camerún y a su vez, alguien recibiendo dinero de Camerún. El dinero que iba a salir de Francia lo recibe quien lo necesita y el que iba a salir de Camerún lo recibe quien se queda en Camerún. El dinero nunca sale de su país, por tanto, no debe pagar tasas. En un simple algoritmo. Pero todo el mundo recibe su dinero, por supuesto.

Ahí comencé a entenderlo. La idea era brillante. Les pregunté entonces por qué hacían todo eso. Al principio hablaban de beneficios y de objetivos empresariales, pero pronto empezaron a contarme historias que les indignaban. Lo hacían porque la situación les cabreaba y porque estaban hartos de ver a su gente sufrir una injusticia semejante. Querían hacer algo por su pueblo y por los más desfavorecidos. Lo que pasa es que, encorsetados en su roll de empresarios de banca, no se habían dado cuenta de algo así. 

-Entonces -bromeé-, podríamos decir que sois una versión moderna de Robin Hood, que robaba a los ricos para dárselo a los pobres

Y se produjo la serendipia, el hallazgo por casualidad. ¡Exacto! Compartían la misma motivación que Robin Hood y no lo sabían. Tras hablarlo un rato, todos estuvimos de acuerdo: ésa era la narrativa que debíamos usar. No hablar de robar a los ricos, per se, sino de crear un mecanismo por el que los pobres (hablamos en lenguaje metafórico), no tuvieran que pagar tributos exacerbados e injustos a los ricos. 

A partir de ahí, creamos un pitch que fue ganador, porque hablaba de un conflicto tan antiguo como universal y reconocible: el del individuo desafiando a la autoridad establecida o del débil contra el poderoso. Un conflicto que ya aparece en la biblia con la historia de David contra Goliat, en películas de Disney como Aladín o El Rey León o en trilogías clásicas como La guerra de las galaxias o Matrix. Historias, todas ellas, en las que hay un héroe. 

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¿Qué pueden tener en común un héroe clásico y un emprendedor del siglo XXI?  

La startup de la historia es ya un proyecto viable y está en el mercado. Han tenido que pivotar varias veces pero han conservado su narrativa a lo largo de todo su periplo como la forma más honesta, directa y memorable, no solo de entenderse a sí mimos, sino de conectar con sus inversores y con su público que, insisto, lo digo en lenguaje metafórico, son los mismos pobres para los que robaba Robin Hood.

Esta historia me abrió los ojos a las similitudes entre los héroes clásicos, aquellos personajes que se enfrentan a enemigos más grandes que ellos (ya sean internos o externos) y los emprendedores. La clave está en que la acción de emprender supone, en sí misma, enfrentarse a enemigos más grandes que el propio emprendedor. Eso es lo que hace de emprender algo tan épico, tan bello y, a la vez, tan lleno de peligros y éxitos improbables, pero no imposibles, pero en cualquier caso, un aprendizaje de incalculable valor para quien lo intenta.

A lo largo de los últimos seis años he trabajado decenas de historias de emprendedores, y todos tienen en común la consciencia de que el viaje que están emprendiendo es complicado, de que tienen que adquirir habilidades nuevas constantemente y, sobre todo, luchar contra sus propios miedos

En un mundo tan difícil de cambiar, intentarlo es una actividad heroica, por eso comprendí en seguida que si quería escribir buenos relatos de marca de emprendedores, tenía que entenderles como héroes y a su proyecto de emprendimiento, como una aventura, y a partir de ahí, generar el relato. 

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Joseph Campbell y el viaje del héroe

Entonces di con la clave que me ha permitido generar multitud de relatos de emprendimiento poderosos y auténticos. Todo fue gracias al profesor Joseph Campbell, mitólogo de increíble talento que dio con un patrón narrativo al que llamó el monomito o viaje del héroe. Según Campbell, todas las mitologías y religiones orientales y occidentales compartían, en sus relatos, la presencia de un héroe que realiza un viaje en busca de algo muy valioso que cambiará su mundo y le hará más sabio. Según Campbell, todas las culturas cuentan con un relato similar que se descompone en formas locales adoptando diferentes formas, que él llamó máscaras. 

Lo fascinante del trabajo de Campbell es que comparó esos relatos y consiguió dar con un patrón en doce pasos: la rueda del héroe. Esta animación creada por Iskander Krayenbosch es buena prueba de que gran parte del cine de aventuras del siglo XX está basado en esos doce pasos y no nos hemos dado cuenta:

No lo voy a negar, conocer a fondo el viaje del héroe como para poder crear el propio como emprendedor es complejo, pero lo interesante es que podemos simplificarlo en estos seis pasos: 

  1. Mundo ordinario: Nuestro emprendedor/héroe lleva una vida normal. Le guste o no, la conoce. No hay sorpresas. 

  2. Llamada a la aventura: Algo pasa. Se le pone delante un reto y decide aceptarlo.

  3. Prueba 1 – Descenso: A nuestro emprendedor/héroe se le viene el mundo encima y está peor que antes. El reto es más difícil de lo que nunca imaginó.

  4. Prueba 2 – Asimilación: Nuestro emprendedor/héroe coge las riendas de su propósito y se pone a la tarea de llevarlo a buen término. Se entrena, pule sus armas, se enfrenta a sus miedos.

  5. Prueba final – punto de inflexión: Nuestro emprendedor/héroe se enfrenta a su primer cliente y tiene éxito. Gana su batalla, lo que da sentido a todo el sufrimiento previo.

  6. Resurgir – Aprendizaje. Nuestro emprendedor/héroe tiene una habilidad nueva que puede poner en práctica para llegar al siguiente nivel de su aventura. 

Este patrón, en su simpleza, nos sirve para crear una narrativa de cada uno de los hitos que nos marcamos como emprendedores. Es sencillo y orgánico. Cualquiera que se ponga a elaborar un relato, incluso un niño de ocho años, seguirá por instinto este patrón. Sin embargo, conocerlo, nos hará crear relatos con una estructura lógica que consiga aumentar de forma natural la tensión emocional y, por tanto, la atención de nuestra audiencia. 

Ahora, si quieres, puedes releer la historia del comienzo de este artículo, te llevarás una pequeña sorpresa. 

En un mundo tan difícil de cambiar, emprender es una actividad heroica, por eso comprendí en seguida que si quería escribir buenos relatos de marca de emprendedores, tenía que entenderles como héroes y a su proyecto de emprendimiento, como una aventura, y a partir de ahí, generar el relato.