Acceder a financiación de manera continuada siendo uno de los principales retos para las pymes. Aunque el mercado ofrece cada vez más alternativas, como financiación bancaria hasta fondos de venture capital, cada instrumento responde a necesidades muy distintas. Pero hay que tener en la cabeza una situación real: elegir el sistema más adecuado puede marcar la diferencia entre acelerar el crecimiento o comprometer la liquidez de tu empresa.
La realidad es que, en la actualidad, las pymes cuentan con un abanico de posibilidades cada vez más amplio. Partimos de la base de los modelos tradicionales, como los préstamos bancarios, pero también ha ganado terreno otras alternativas como los business angels, que están muy orientados al ecosistema emprendedor. No nos olvidemos de los venture capital, el crowdfunding o las líneas de financiación pública que se van actualizando periódicamente. Cada alternativa tiene sus propias características, ventajas y desafíos.
La elección va a depender, entre otros factores, de la fase de desarrollo en el que esté tu negocio, su capacidad para generar ingresos o (y esto es importante) el nivel de riesgo asumible. La clave no está en elegir la financiación más conocida, sino la que mejor se adapta a la etapa de cada negocio, sus objetivos de crecimiento y su capacidad financiera.
En primer lugar, nos encontramos con dos grandes modelos de financiación: mediante deuda, que implica que la empresa recibe recursos que deberá devolver en un plazo determinado; o mediante capital, que consiste que un inversor aporta los recursos económicos necesarios a cambio de una participación dentro del negocio. Veamos las principales opciones dependiendo del estado de cada empresa:
Si eres autónomo: en este modelo de trabajo por cuenta propia debes pensar en temas relacionados con la liquidez y la búsqueda de flexibilidad para crecer. En tus primeras etapas, la prioridad contar con capital inicial para afrontar las primeras inversiones, como adquirir el equipamiento necesario (un ordenador, una máquina, utensilios…), financiar los gastos fijos o hacer frente a imprevistos. Las alternativas más fiables son:
Créditos y préstamos bancarios: especialmente cuando ya existe cierta estabilidad en los ingresos.
Líneas ICO y ayudas públicas: hay muchas que están destinadas al emprendimiento o a la digitalización.
Crowdfunding: la microfinanciación permite recaudar fondos a través de pequeñas contribuciones de un gran número de personas mediante plataformas online. Es ideal cuando el proyecto tiene un componente innovador o un producto con potencial de atraer a una comunidad.
Si diriges una pyme: los pequeños negocios y comercios, máxime a si están consolidados, necesitan contar con ingresos recurrentes y cuentan con un mayor historial financiero. Esto les permite acceder a un abanico más amplio de soluciones y, en muchos casos, combinar varias de ellas. son una opción clásica para financiar pymes establecidas. Estos préstamos requieren garantías y un historial financiero sólido, lo que puede ser un obstáculo para algunas empresas.
Financiación bancaria: sigue siendo una de las alternativas más utilizadas para acometer inversiones, ampliar instalaciones o incorporar nuevos equipos. Ofrece un control total, ya que, a diferencia de los inversores, el banco no interfiere en las decisiones del negocio. La parte positiva es que se puede encontrar una gran diversidad de productos. Hay múltiples opciones, desde líneas de crédito hasta préstamos a largo plazo, adaptables a diferentes necesidades. Eso sí, cuenta con requisitos más estrictos: los bancos suelen exigir garantías, historial financiero y un plan de negocio sólido, así como unos costes por intereses que hay que prever.
Factoring y confirming: son herramientas de financiación muy útiles para gestionar el flujo de caja de las empresas. Estas opciones, que también están orientadas a los autónomos, permiten a las pymes acceder a liquidez inmediata utilizando sus cuentas por cobrar o pagar. Si se trabaja con clientes o proveedores que generan necesidades de tesorería.
Ayudas públicas: muchas administraciones ofrecen subvención directa, préstamos bonificados o incentivos para proyectos de todo tipo, sobre todo, para sostenibilidad e innovación. En muchos casos incluso no requiere devolución. La mayor controversia es que los procesos administrativos suelen ser largos.
Si tienes una startup: este tipo de negocio suelen enfrentarse a una situación diferente que las pymes. Durante sus primeros años necesitan invertir antes de generar beneficios, así que la financiación mediante capital adquiere un papel más protagonista. Tiene un componente tecnológico muy grande, por lo que la inversión inicial es muy variable. Pero nos encontramos con algunas posibilidades:
Business Angels: los inversores privados se han convertido en una opción bastante popular entre startups y, sobre todo, en fases tempranas. Aportan capital y experiencia, así como contactos y apoyo estratégico. Eso sí, hay una contraprestación: suelen pedir participaciones en la empresa. Y esto implica ceder parte del control.
Venture capital: esta alternativa ayuda a inyectar una gran cantidad de dinero para financiar un proyecto. Eso sí, requiere de negociaciones previa y de análisis de la viabilidad de empresas para articular una estrategia acorde a las necesidades de la empresa. Este tipo de soluciones proporcionan cantidades significativas de financiación, lo que permite un crecimiento rápido y expansión. También ayuda a mejorar la reputación: vincularse a una firma de capital de riesgo puede aumentar la credibilidad y visibilidad de la empresa. Eso sí, presenta dificultades en el proceso de selección: ser seleccionado no es una tarea sencilla y requiere, además de contactos, una buena planificación y negociación.
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